Soto de la Barca: el pueblo fantasma asturiano tras cerrar la central térmica

Un asentamiento nacido del carbón
En el municipio de Tineo, en Asturias, existe un pueblo abandonado que ha ganado el sobrenombre de "Chernóbil asturiano" entre sus pocos visitantes. Se trata de Soto de la Barca, un asentamiento singular cuya historia está intrínsecamente ligada a la central térmica de Narcea. Aunque nunca albergó un reactor nuclear como su homólogo ucraniano, el destino de este pueblo abandonado Asturias comparte con Prípiat una característica fundamental: el colapso económico y demográfico tras el cierre de la infraestructura que le dio origen.
La localidad cuenta con infraestructuras que sorprenden en un lugar desierto: un cine, una escuela completamente equipada, un club social, instalaciones deportivas con piscina, una parroquia y un consultorio médico. Sin embargo, estos servicios permanecen en completo abandono desde hace años, congelados en el tiempo como un museo de la industrialización española.
Los orígenes: 1965 y la visión industrial
Soto de la Barca fue fundado en 1965 por iniciativa del empresario Higinio González, quien falleció en 1960, cinco años antes de que su proyecto se materializara. La visión era ambiciosa: construir una central térmica capaz de aprovechar las reservas carboníferas del suroeste asturiano y norte de León. La empresa Naturgy, responsable del proyecto, no solo levantó la instalación industrial sino un pueblo completo adaptado a las necesidades de sus trabajadores.
El arquitecto Ramón Vázquez Molezún diseñó el poblado con las características típicas de la época: viviendas para técnicos y bloques de pisos para obreros. El complejo se completó con servicios esenciales y de ocio que convertían a Soto de la Barca en una comunidad autosuficiente. La plantilla llegó a alcanzar 250 empleos directos en sus mejores años, con una población residente que superaba los 500 habitantes.
Expansión y años de esplendor productivo
La central térmica experimentó un crecimiento progresivo. Nuevos grupos generadores se añadieron en 1969 y 1984, elevando la capacidad instalada a través de tres unidades productivas. Durante las dos décadas siguientes, la planta sufrió cambios de titularidad empresarial acompañados de reducciones graduales en la plantilla, reflejando las primeras señales de crisis en el sector térmico español.
El máximo rendimiento productivo llegó en el año 2000, cuando la instalación generó 3.855 GWh de electricidad, cifra que abastecía a cientos de miles de personas durante un año completo. Los parques de almacenamiento adyacentes acumulaban 120.000 toneladas de carbón mineral. Estos números pintaban la perspectiva de una instalación industrial sólida y duradera. No obstante, la realidad sería muy diferente. Tan solo catorce años después, en 2014, la producción se había desplomado a 916 GWh, menos del 25% de su nivel máximo.
El declive inevitable y el cierre de la central térmica
La transición energética mundial y la normativa europea sobre emisiones contaminantes marcaron el destino de la central térmica de Narcea. En 2016 se autorizó el cierre del grupo 1, la unidad más antigua y de menor capacidad. Dos años después, Naturgy solicitó formalmente el cierre de las instalaciones restantes, alineándose con el cierre de otras térmicas españolas como La Robla y Meirama.
En junio de 2020, la central definitivamente salió de la red eléctrica nacional, mes en el que otras seis plantas térmicas españolas también cerraban sus operaciones. Cuando se formalizó la solicitud de cierre, la instalación empleaba directamente a 81 trabajadores más 48 puestos indirectos en empresas auxiliares. La plataforma local "Somos Tineo" contabilizó 180 empleos destruidos en total, incluyendo efectos multiplicadores en la economía local.
La donación del poblado y los problemas de ejecución
Tras el cierre, Naturgy negoció la cesión del pueblo abandonado al Ayuntamiento de Tineo. El proceso se formalizó mediante un convenio firmado en agosto de 2022, después de que la empresa obtuviera los permisos de desmantelamiento en marzo de ese mismo año. La intención era que el municipio recuperara el patrimonio e impulsara su revalorización.
En abril de 2023, el Instituto para la Transición Justa concedió una financiación de 3,5 millones de euros del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. El proyecto presentado por el Ayuntamiento consiguió la puntuación más alta a nivel nacional en su categoría. La propuesta inicial contemplaba la rehabilitación de 14 viviendas unifamiliares y la creación de la primera experiencia de cohousing impulsada por un consistorio en España, combinando vivienda colaborativa con usos didácticos y culturales.
El fracaso en la ejecución del plan de rehabilitación
Sin embargo, los plazos comenzaron a incumplirse desde el inicio. El gobierno municipal que asumió funciones en junio de 2023 encontró que los proyectos técnicos aún no se habían contratado, situación que se resolvió parcialmente en septiembre. Se requería la ejecución de dos proyectos simultáneos: uno de reforma de las viviendas y otro de urbanización del núcleo poblacional completo.
El segundo proyecto nunca llegó a presentarse. La empresa adjudicataria incumplió su obligación, lo que provocó que la licitación quedara desierta sin posibilidad de reactivación. Simultáneamente, surgieron obstáculos técnicos adicionales: la mayoría del terreno donde se ubicaba Soto de la Barca se encontraba catalogada como zona inundable, lo que complicaba enormemente cualquier proyecto de renovación urbana.
En octubre de 2025, casi dos años después de recibir la financiación, el Ayuntamiento de Tineo tomó la decisión de devolver los 3,5 millones al Instituto para la Transición Justa, reconociendo que la ejecución del proyecto era inviable en los plazos y condiciones establecidas. La alcaldesa Montse Fernández justificó la devolución citando incumplimientos de cronograma y la complejidad heredada de administraciones previas.
Desmantelamiento industrial y deterioro progresivo
Mientras tanto, las operaciones de desmantelamiento de la central térmica avanzaban. El 20 de diciembre de 2023 fue volada la torre de refrigeración de la instalación, un hito que marcó el 60% del desmantelamiento completado. En febrero de 2024, la Administración regional anunció planes para desarrollar un polígono empresarial en los terrenos liberados, aunque estos anuncios no han tenido traducción práctica.
Durante septiembre de 2024, una segunda voladura eliminó las estructuras residuales de la fábrica. Naturgy complementó estas operaciones con un proyecto para reordenar el cauce del río Narcea y mejorar la protección contra inundaciones del área. El desmantelamiento total se completó en octubre de 2025, dejando un páramo industrial donde previamente se erguía la central térmica.
Los robos y actos vandálicos han acompañado todo el proceso de abandono. En 2024 desapareció la estatua de bronce de Higinio González, fundador de la empresa, que presidía la entrada al poblado. Los vecinos tuvieron que retirar las campanas de cobre de la iglesia por riesgo de robo. Los cables eléctricos han sido objeto de múltiples sustracciones, dejando sin suministro a la iglesia parroquial.
El estado actual: fantasmas de la modernidad industrial
Actualmente, apenas 24 vecinos aparecen censados en Soto de la Barca. Las viviendas y locales comerciales subsisten en avanzado estado de degradación, afectados por humedad, grietas estructurales y vegetación invasora. En el interior de muchos edificios permanecen objetos personales, material médico, pupitres escolares, libros y enseres domésticos desperdigados, como consecuencia de una evacuación precipitada.
El pueblo abandonado en Asturias se ha convertido en un atractivo morboso para exploradores urbanos y documentalistas. Las imágenes de casas vacías con luces todavía conectadas, consultorios médicos con aparatología obsoleta y aulas con mochilas infantiles abandonadas han generado comparaciones internacionales con Prípiat, aunque el origen sea económico en lugar de radiactivo.
Propuestas de rehabilitación y futuro incierto
Académicos como Rubén Domínguez de la Universidad de Oviedo han propuesto una rehabilitación integral y respetuosa con el diseño original del conjunto. Argumentan que la reactivación del poblado como comunidad habitada sería la única manera de poner en valor el legado arquitectónico. La prensa local lo ha rebautizado como "la Perlora del Suroccidente", haciendo referencia a otro pueblo fantasma asturiano más antiguo.
No obstante, el concejal de Urbanismo, Pablo Fernández, ha caracterizado la cesión municipal como un "regalo envenenado". El status del poblado como patrimonio cultural de interés obliga a gastos de conservación significativos. El Ayuntamiento ha explorado opciones con el Instituto para la Transición Justa sobre vivienda pública, experiencias colaborativas, espacios culturales y usos educativos, pero a mediados de 2026 aún no existe un proyecto concreto validado y financiado.
Precedentes en la despoblación industrial
Soto de la Barca no es un caso aislado en el panorama español. Perlora, en Carreño, representa un antecedente similar: fue construida en 1954 como ciudad de vacaciones sobre 20 hectáreas con 274 edificaciones. Cerró en noviembre de 2006 y actualmente permanece en estado de abandono similar. A Paicega, núcleo construido para los obreros de la presa de Salime, contaba con escuela, cantina, peluquería y policía propia. Un teleférico de 40 kilómetros transportaba los materiales de construcción. Hoy se encuentra completamente deshabitada.
El caso más extremo procede de Japón: Hashima, conocida como "isla del acorazado", llegó a albergar 5.259 residentes en 1959 y extrajo 15,7 millones de toneladas de carbón entre 1891 y 1974. Cuando Mitsubishi cerró la mina en enero de 1974, el último residente abandonó la isla el 20 de abril, vaciándose completamente en poco más de tres meses. En 2015, Hashima fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, transformando el desastre económico en atractivo turístico.
Transición energética y oportunidades perdidas
La Robla, otra central térmica de Naturgy cerrada en julio de 2020 tras casi 50 años de funcionamiento, empleaba a 300 personas en su momento de máxima actividad. Su desmantelamiento tiene un presupuesto de 12,9 millones. A diferencia de Soto de la Barca, La Robla cuenta con un proyecto de reconversión: Naturgy proyecta una planta de hidrógeno de 485 millones de euros y 280 MW de capacidad, con arranque inicialmente previsto para 2026. Sin embargo, no hay noticia de que las operaciones hayan comenzado.
En febrero de 2024, el consejero delegado de Naturgy reconoció públicamente en un foro sectorial que ninguna decisión final de inversión en hidrógeno renovable logra cumplir sus cronogramas: "Todas se retrasan". Esta admisión sugiere que la reconversión industrial mediante proyectos alternativos enfrenta obstáculos económicos y regulatorios significativos.
Nuevos proyectos para la zona: la central hidroeléctrica
Recientemente, el 29 de julio, el Ministerio para la Transición Ecológica adjudicó a La Barca Energía la construcción de una central hidroeléctrica de bombeo de 320 MW en el nudo de red Narcea 400 kV. El proyecto implica una inversión superior a 400 millones de euros y promete generar hasta 289 empleos durante al menos 12 años de construcción y operación.
No obstante, este proyecto representa principalmente un aprovechamiento de la capacidad de conexión eléctrica liberada por el cierre de la térmica, más que una solución específica para la población desempleada del área. Naturgy contabiliza únicamente 30 personas empleadas en la fase de desmantelamiento de Narcea, de las cuales solo una procedía del municipio de Tineo y ocho provenían de la lista del Instituto para la Transición Justa.
La perspectiva para Soto de la Barca permanece incierta. Sin un proyecto viable de rehabilitación, con una población residual de 24 habitantes y enfrentándose a desafíos técnicos e inmobiliarios formidables, el pueblo abandonado en Asturias continúa deteriorándose. La promesa de la transición justa y la revitalización económica que acompañó el cierre de la central térmica parece haber quedado atrapada en los mismos trámites burocráticos que caracterizan los proyectos energéticos españoles modernos.
