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Registro de caza de Fernando VI revela datos sobre biodiversidad del siglo XVIII

Registro de caza de Fernando VI revela datos sobre biodiversidad del siglo XVIII
Imagen: xataka.com. Uso informativo; los derechos pertenecen a su titular.

El manuscrito histórico que revela los hábitos de caza del monarca

Durante más de una década, el rey Fernando VI (1713-1759) dejó constancia meticulosa de sus actividades cinegéticas en un documento denominado 'Asiento de Caza'. Este registro de caza del monarca Borbón, conservado en el Palacio Real, se ha convertido en una fuente de información extraordinaria para que los biólogos modernos analicen cómo ha variado la biodiversidad en la península ibérica a lo largo de los últimos tres siglos. El documento detalla las presas cazadas entre 1745 y 1755, período durante el cual Fernando VI desarrolló su apasionada afición venatoria sin importar las condiciones meteorológicas o estacionales.

El investigador Juan Jiménez descubrió este valioso registro mientras estudiaba las antiguas tradiciones cinegéticas de la realeza española. Lo que encontró fue un manuscrito excepcional que reflejaba el nivel de detalle con el que la corte documentaba las actividades del monarca. El registro de caza de Fernando VI representa un testimonio único sobre las prácticas de cacería de la época y proporciona datos cuantificables sobre especies animales que habitaban los territorios reales.

Cifras extraordinarias de presas capturadas

El análisis del registro de caza revela números sorprendentes que ilustran la intensidad de las actividades venatoria reales. Durante los diez años que abarca el documento, Fernando VI realizó exactamente 1.241 cacerías, lo que equivale a una media de 112 expediciones anuales. Pero el dato más llamativo se encuentra en el número total de animales abatidos: el registro documenta 38.701 presas pertenecientes a 62 especies diferentes.

Esto significa que el monarca cazaba una media de casi diez animales cada día, una cifra que refleja la obsesión del rey por esta actividad. Los registros indican que Fernando VI salía a cazar aproximadamente el 75% de los días del año. Para satisfacer su pasión cinegética, disponía de varios cotos de caza bajo control real: El Pardo, Casa de Campo, El Retiro, y en determinadas épocas Aranjuez y El Escorial. Estos terrenos funcionaban como espacios dedicados exclusivamente a garantizar la disponibilidad de caza abundante para el monarca.

Especies cazadas y técnicas utilizadas

El registro de caza de Fernando VI muestra un patrón claro en cuanto a las especies más perseguidas. Aunque el monarca disparaba sobre cualquier animal que se moviera, predominaban las piezas de caza menor: conejos, perdices, liebres y palomas constituían la mayoría de las capturas documentadas. Sin embargo, también hay constancia de cientos de capturas de lobos, ciervos, zorros y jabalíes, demostrando la amplitud de su actividad venatoria.

Respecto a las técnicas empleadas, los investigadores han identificado que Fernando VI utilizaba principalmente armas de avancarga, aquellas que se cargan por la boca del cañón. Manejar estas herramientas requería habilidad y considerable esfuerzo físico. Por ello, probablemente el monarca se acompañaba de un numeroso grupo de criados encargados de transportar y preparar las armas durante las jornadas de caza. Curiosamente, el registro no deja constancia de que Fernando VI cazase linces o corzos, especies que existían en la época pero que aparentemente no fueron objetivo de su afición.

El valor científico para la investigación moderna

Miguel Clavero, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha reconocido el valor excepcional del documento para la ciencia actual. Según explica, el registro de caza permite extraer información relevante sobre la biodiversidad del pasado, especialmente sobre qué especies animales habitaban los territorios y cómo variaba su disponibilidad estacional. Los datos registrados permiten inferir variaciones en la disponibilidad de diferentes especies entre los terrenos de caza y evaluar su presencia en distintas épocas del año.

Juan Jiménez y Miguel Clavero han publicado un artículo científico en la revista European Journal of Wildfire Research en el que analizan la creación de bases de datos históricas sobre biodiversidad basándose precisamente en el registro de caza de Fernando VI. Este estudio académico representa un avance importante en la metodología de investigación histórica de fauna, demostrando cómo los archivos reales pueden convertirse en herramientas valiosas para entender la evolución de los ecosistemas ibéricos.

Los Sitios Reales como espacios protegidos premodernos

Uno de los aspectos más interesantes del análisis es que los terrenos de caza reales funcionaban de manera análoga a las áreas protegidas modernas. Los Sitios Reales se gestionaban exclusivamente para garantizar una abundancia de caza destinada al disfrute del monarca. Esto implicaba que los usos intensivos como la agricultura, la ganadería, la explotación forestal y la caza de subsistencia eran prácticamente mínimos en estos espacios. Este estatus especial tuvo consecuencias ambientales significativas, ya que la corte debía invertir grandes sumas de dinero para prevenir y compensar los daños causados por la proliferación de ungulados silvestres en territorios sin presión de caza subsistencia.

Contexto de caza entre la realeza española

Fernando VI no fue una excepción en su pasión por la caza. Sus predecesores y sucesores en el trono español también fueron cazadores apasionados. Su hermanastro Carlos III practicaba la caza casi diariamente, y en una única jornada de 1786 él y sus descendientes abatieron 145 ciervos y dos jabalíes. Posteriormente, Carlos IV, apodado 'el cazador', dejó constancia de haber abatido personalmente 8.773 animales en 1793 y 7.356 en 1805. Ya en época más moderna, Alfonso XIII organizó una cacería en Casa de Campo a comienzos de 1922 en la que se despacharon más de mil animales, principalmente conejos y perdices.

Este patrón repetido sugiere que la caza de alto volumen no era simplemente un pasatiempo, sino una actividad considerada como demostración de destrezas y habilidades. La capacidad de disparar con precisión, la rapidez en el manejo de armas y la identificación de presas eran considerados atributos valorados en la nobleza de la época. El registro de caza del monarca funcionaba también como un registro de sus capacidades y éxitos personales.

Conclusiones y legado científico

El descubrimiento y análisis del registro de caza de Fernando VI representa un ejemplo excepcional de cómo la documentación histórica puede ser reutilizada para propósitos científicos modernos. Los 38.701 animales registrados durante una década proporcionan datos únicos sobre la composición de fauna ibérica del siglo XVIII. Este manuscrito, que en su origen servía simplemente para documentar las actividades de ocio del monarca, se ha convertido en una herramienta invaluable para biólogos y ecólogos interesados en comprender cómo han cambiado los ecosistemas españoles a través de los siglos. El registro de caza de Fernando VI demuestra que a veces los documentos históricos más inesperados pueden ofrecer perspectivas científicas profundas sobre el mundo natural del pasado.

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