Necronomicón: del libro ficticio al volumen real

El origen de una broma literaria que se hizo realidad
El Necronomicón representa uno de los mayores fenómenos de la literatura moderna: un libro que nunca fue escrito pero que existe en múltiples formas. La historia del Necronomicón comienza en 1922 cuando Howard Phillips Lovecraft, joven escritor de Providence, introdujo en sus relatos de terror un volumen maldito que no existía en ninguna biblioteca del mundo. Lo que comenzó como una broma privada entre escritores se transformó, un siglo después, en sectas reales, disputas entre ocultistas neoyorquinos y una nueva edición española de más de 600 páginas publicada por Duomo Ediciones.
La razón de este fenómeno es singular: el Necronomicón nunca se escribió según el plan original de Lovecraft, pero continúa reeditándose una y otra vez. La insistencia con la que este libro vuelve a las librerías generó una aura de misterio que trascendió la ficción original, convirtiendo lo que era un artificio literario en un fenómeno cultural de proporciones inesperadas.
La estructura de la edición española: 648 páginas de ficción lovecraftiana
Duomo Ediciones lanzó durante el verano una nueva edición del Necronomicón que reúne en 648 páginas casi todas las menciones al Libro Negro dispersas por la narrativa lovecraftiana. El volumen incluye ilustraciones de Greta Grendel y no disimula en ningún momento que se trata de un artefacto de ficción cuidadosamente elaborado.
La selección y organización de este material corre a cargo del editor italiano Giuseppe Lippi, quien divide el contenido en tres bloques temáticos: el sueño, el mito y el terror. Lippi también firma el prólogo, donde sitúa estratégicamente al Necronomicón junto a otros libros imposibles de la literatura universal. Esta clasificación incluye referentes como el 'Quijote' de Pierre Menard concebido por Jorge Luis Borges o 'El Rey de Amarillo' de Robert W. Chambers. El volumen funciona como un atlas completo, trazando un mapa de todas las ocasiones en que el escritor de Providence decidió mencionar, de manera casual, un libro que nunca estuvo en sus planes desarrollar como obra independiente.
Cronología de las primeras menciones del Necronomicón
Howard Phillips nombró el Necronomicón por primera vez en 'El sabueso', relato escrito en 1922 y publicado en la revista 'Weird Tales' en 1924. Sin embargo, un año antes ya había citado al supuesto autor árabe Abdul Alhazred en 'La ciudad sin nombre', donde incluía el famoso pareado sobre la muerte que puede morir. En 1927 desarrolló esta broma mediante 'Historia del Necronomicón', una cronología apócrifa que sitúa la redacción original del texto en el Yemen del siglo VIII, con traducción al griego hacia el año 950.
El autor nunca ocultó la naturaleza inventada del libro. En una carta dirigida a Willis Conover, Lovecraft escribió explícitamente: "nunca existió ningún Abdul Alhazred ni Necronomicón: yo inventé esos nombres". Esta confesión pública no disminuyó el interés posterior, sino que paradójicamente aumentó el misterio alrededor del volumen ficticio.
El libro en los relatos principales de Lovecraft
Lovecraft continuó nombrando el Necronomicón a lo largo de toda su obra. En 'La fiesta' (1925) aparece guardado en la localidad ficticia de Kingsport, en una traducción latina atribuida al erudito Olaus Wormius, situado junto a otros títulos ocultistas "legítimos" de la época. En 'El caso de Charles Dexter Ward', escrita en 1927 y publicada póstumamente en 1941, es el brujo Joseph Curwen quien guarda su propio ejemplar. Lovecraft menciona entonces a Yog-Sothoth por primera vez, y el pareado citado en 1921 reaparece identificado como cita textual del Necronomicón en 'La llamada de Cthulhu' de 1928.
El relato donde el Necronomicón alcanza mayor protagonismo es 'El horror de Dunwich', de 1929. En esta historia aparece la cita más extensa jamás publicada por Lovecraft, supuestamente extraída directamente de sus páginas. En la trama, Wilbur Whateley busca sin éxito un ejemplar completo en la biblioteca de la Universidad de Miskatonic; el bibliotecario Henry Armitage se lo niega, y Whateley muere despedazado por un perro guardián al intentar robarlo. Dos años después, en 'El que susurra en las tinieblas', el relato alude al vasto caos que se oculta bajo el nombre de Azathoth, protegido durante siglos por el propio Necronomicón. Ese mismo año (1936), en 'En las montañas de la locura', los protagonistas ya han leído el Necronomicón antes de que comience la expedición, encontrando en sus páginas la primera pista sobre los shoggoths.
La transformación de ficción en producto comercial
La ficción se convirtió en mercancía real en 1977, cuando la editorial Schlangekraft publicó el llamado Necronomicón de Simon, un pastiche de mitología sumeria y babilónica salpicado de nombres extraídos de los relatos de Lovecraft. Detrás del proyecto estaba Herman Slater, propietario de la tienda esotérica neoyorquina The Warlock Shop, quien estaba cansado de explicar a sus clientes que el libro de sus fantasías juveniles no existía en ninguna biblioteca.
La autoría real se atribuye habitualmente al escritor Peter Levenda, quien se ocultó bajo el seudónimo Simon. Cuando el libro saltó de la tirada limitada de tapa dura a la edición de bolsillo de Avon Books, William S. Burroughs firmó un texto de acompañamiento en el que pedía que "se revelen los secretos de los siglos", convencido de que ocultarlos solo beneficiaría a quienes ya los controlaban en privado.
La teoría ocultista: más que ficción
Se venía hablando desde hacía tiempo del Necronomicón real. El mago ceremonial británico Kenneth Grant, antiguo secretario de Aleister Crowley, sostenía que Lovecraft había absorbido sin saberlo enseñanzas de sectas ocultistas reales activas en Nueva Inglaterra. Según Grant, los dioses antiguos descritos por Lovecraft no eran pura invención sino manifestaciones de fuerzas que un practicante versado podía llegar a invocar. Esta teoría añadió una dimensión completamente nueva al fenómeno del Necronomicón, transformándolo de simple artificio literario en objeto de veneración para comunidades ocultistas reales.
La permanencia del mito a través del cine y los cómics
El libro sobrevivió a la muerte de su creador gracias a su adopción por parte del cine de terror y la industria del cómic. En 'Terroríficamente muertos' de Sam Raimi, la primera secuela de su 'Posesión infernal', el Necronomicón Ex Mortis aparece grabado en una cinta de casete que despierta a un espíritu del bosque. Alan Moore y Jacen Burrows dedicaron doce números de la serie 'Providence' a reconstruir, entre otras cosas, el origen del Necronomicón, como culminación de una trilogía iniciada con 'The Courtyard' y 'Neonomicon'.
Estos refritos y variantes, paradójicamente, no han aniquilado la leyenda del volumen oscuro, sino que lo han mantenido más vivo que nunca. Cada nueva adaptación, cada nuevo pastiche, cada nueva edición comercial alimenta el misterio original, convirtiendo al Necronomicón en un fenómeno cultural que trasciende su origen como broma privada de un escritor de Providence hace cien años.
