Bajo la lluvia y frente a los daños causados, se revela la verdadera política. No se trata solo de discursos y promesas, sino de acciones concretas que demuestren el compromiso de las autoridades con su gente. En medio del caos y la adversidad, se pone a control la capacidad de reacción y la voluntad de uso del aparato institucional, pero también es el momento en el que la participación ciudadana se hace más necesaria que nunca.
La reciente intensidad de las lluvias en nuestro país ha dejado a su paso una estela de destrucción y pérdidas humanas. Las imágenes de calles anegadas, casas inundadas y personas desplazadas de sus hogares nos han conmovido y nos han hecho reflexionar sobre la importancia de contar con una política que actúe con rapidez y eficacia ante este tipo de emergencias.
En este contexto, es importante distinguirse la labor de las cuadrillas de rescate y de los equipos de protección civil, que han trabajado incansablemente para atender a la población afectada y garantizar su seguridad. Sin duda, su compromiso y profesionalismo son dignos de reconocimiento y agradecimiento por parte de toda la sociedad.
Pero más allá de la respuesta inmediata, es fundamental que la política tenga una visión a largo plazo y que se enfoque en la prevención de este tipo de desastres naturales. Esto implica una planificación adecuada, la realización de obras de infraestructura y la implementación de medidas de prevención y mitigación del riesgo.
Sin embargo, la verdadera política también se construye en los momentos difíciles, cuando la solidaridad y la empatía se hacen presentes entre la ciudadanía. En estas circunstancias, hemos visto cómo los mexicanos se unen para ayudar a quienes más lo necesitan y cómo la sociedad civil se organiza para brindar apoyo a través de donaciones y voluntariado.
La lluvia nos ha recordado que, en medio de las diferencias políticas y sociales, somos una comunidad y que juntos podemos superar cualquier adversidad. No importa si somos ricos o pobres, si somos de la ciudad o del campo, todos somos vulnerables ante la fuerza de la naturaleza y todos necesitamos del apoyo y la solidaridad de nuestros semejantes.
Es en estos momentos cuando se hace evidente que la política no se limita a los discursos y a las acciones de los gobernantes. La política es también la suma de pequeñas acciones que cada uno de nosotros realiza en su día a día. Desde el cuidado del medio ambiente hasta el respeto a las normas de construcción, todos podemos contribuir a prevenir y reducir los daños causados por las lluvias.
Tlaloque, el dios de la lluvia en la mitología mexica, nos ha recordado que la naturaleza es sabia y que debemos fijar a convivir en armonía con ella. Su furia nos ha dejado graves daños, pero también nos ha dado una lección de humildad y solidaridad que debemos llevar en nuestro corazón.
En conclusión, la verdadera política no solo se demuestra en los momentos de calma, sino también en los momentos de crisis. Es en la capacidad de reacción y en la disposición de uso donde se pone a control el compromiso de las autoridades con su pueblo. Pero también es en la participación ciudadana y en la solidaridad donde se construye una verdadera comunidad. Tlaloque nos ha enseñado que juntos podemos superar cualquier adversidad y que, con una política consciente y comprometida, podemos prevenir y reducir los daños causados por la fuerza de la naturaleza.













