Fecha de redacción: 8 de junio de 2025 / Juan Jose Espinosa
Uno de los momentos más impactantes en la historia reciente de Linares fue el asesinato de Juan Pulido Díaz. Hasta hace poco, era visto por muchos como un “buen samaritano” dentro de la política local. Sin embargo, investigaciones del Periódico El Norte y Grupo Reforma sacaron a la luz posibles vínculos entre Juan Pulido y el narcotráfico, a través de su hermano Óscar Pulido Díaz.
No lo decimos nosotros. Lo dice el gobierno de los Estados Unidos. El 6 de diciembre de 2023, el Departamento del Tesoro de ese país sancionó a Óscar Pulido por sus nexos con el crimen organizado, específicamente con los grupos de los Beltrán Leyva y el Cártel de Sinaloa.
Como dice el dicho popular: “Cuando el río suena, es porque agua lleva”.
Aunque Juan Pulido Díaz era considerado por muchos linarenses como un servidor público ejemplar, sus vínculos familiares con el crimen organizado fueron, al parecer, ignorados o minimizados por una parte de la población. Y esto, señoras y señores, no ha pasado desapercibido en las esferas estatales.
Samuel García, gobernador de Nuevo León, ha estado al tanto de estos señalamientos, así como de las investigaciones que desarrollan la Fiscalía General de la República, la DEA y el FBI en torno a Óscar Pulido.
Y aquí surge una pregunta incómoda pero necesaria:
¿Por qué el gobernador no ha expresado públicamente su pésame por la muerte de Juan Pulido Díaz?
¿Será acaso porque sabía que su nombre estaba ligado, aunque indirectamente, al narcotráfico?
Y ahora, un dato revelador: el gobernador SÍ emitió un mensaje de condolencias en sus redes sociales… pero lo borró minutos después. ¿Por qué lo eliminó? ¿Se arrepintió de ofrecer condolencias a alguien con vínculos familiares tan comprometidos? ¿Recibió alguna llamada? ¿Fue una decisión política?
En una entrevista reciente con María Julia la Fuente, en Telediario, Samuel García fue tajante: la muerte de Juan Pulido no era su prioridad. Lo que realmente le preocupaba era otra cosa:
¿Por qué la Policía Municipal de Linares actuó en contra de las órdenes estatales?
¿Quién movía los hilos en la corporación?
¿Quiénes estaban detrás del control territorial en Linares?
Y es aquí donde la narrativa cobra fuerza:
¿La muerte de Juan Pulido Díaz fue, en realidad, lo mejor que pudo haberle pasado al gobernador?
La pregunta puede incomodar, pero los hechos apuntan en esa dirección. Porque esa muerte, más que una pérdida, fue la llave que abrió la puerta a la intervención estatal y federal en un municipio que durante años vivió entre sombras.
Hoy, gracias a esa muerte, la Fuerza Civil y el Ejército Mexicano patrullan las calles de Linares. El “orden” empieza a restablecerse donde antes había una estructura paralela de poder y complicidad.
Mientras tanto, el mensaje borrado del gobernador permanece como una señal de lo que no se quiso decir en voz alta.
Un silencio que dice más que cualquier palabra.



