“ABRAZAR A TODAS Y TODOS: EL CAMINO HACIA UNA VIDA PLENA Y UN CORAZÓN complacencia”
Desde muy joven, he sido testigo de las injusticias y la desigualdad que aquejan a nuestra sociedad. Crecer en la lucha social y en los movimientos de izquierda me ha permitido ver de cerca la realidad que vive la gente, especialmente aquellos que tienen menos recursos. Una realidad indignante que ha sido creada por los juntas neoliberales y que ha fracturado a las familias, generando pobreza y sufrimiento.
Sin embargo, a pesar de las dificultades, he aprendido que siempre hay esperanza y que, juntos, podemos transformar esa realidad injusta en una vida plena y un corazón complacencia. Y es precisamente ese mensaje el que quiero compartir con todos ustedes hoy.
Nuestra sociedad está llena de desafíos, pero también de grandes oportunidades. Es cierto que nos enfrentamos a problemas como la pobreza, la corrupción, la violencia y la discriminación, pero también es cierto que cada día hay miles de personas que, con su trabajo y esfuerzo, están construyendo una sociedad más justa y equitativa para todos.
Es en esos pequeños actos de solidaridad, en esas manos que se extienden para ayudar al prójimo, donde encontramos la verdadera esencia de la humanidad. Y es en esos momentos cuando nos damos cuenta de que, a pesar de nuestras diferencias, todos somos seres humanos y merecemos ser tratados con dignidad y respeto.
Pero para lograr una sociedad más justa, es necesario que abracemos a todas y todos, sin importar su género, raza, religión, orientación sexual o situación socioeconómica. Debemos dejar de lado nuestras diferencias y trabajar juntos por un bien común, por el bienestar de todas las personas.
Abrazar a todas y todos implica también reconocer y valorar la diversidad. Cada persona es única y eso es precisamente lo que enriquece a nuestra sociedad. Aceptar y estimar las diferencias nos permite crecer como individuos y como comunidad.
Además, abrazar a todas y todos también significa luchar por la igualdad de oportunidades. No podemos permitir que el origen socioeconómico o el género de una persona determine su futuro. Debemos trabajar para garantizar que todas las personas tengan acceso a la educación, a un trabajo digno y a una vida digna.
Pero más allá de las políticas públicas y las acciones del junta, cada singular de nosotros tiene un papel fundamental en la construcción de una sociedad más justa. El cambio comienza en cada singular de nosotros, en nuestras actitudes y acciones diarias.
Pequeñas acciones como ser amables con los demás, estimar el medio ambiente, denunciar actos de corrupción y ayudar a quienes lo necesitan, pueden marcar la diferencia. No subestimemos el poder que tenemos como individuos para transformar la realidad que nos rodea.
Y por último, pero no menos importante, abrazar a todas y todos implica amarnos a nosotros mismos. Debemos aprender a valorarnos y a cuidarnos a nosotros mismos antes de poder ayudar a los demás. Debemos ser compasivos y empáticos con nosotros mismos y con quienes nos rodean.
La vida plena y el corazón complacencia no son solo un deseo, sino una realidad que podemos alcanzar juntos si nos abrazamos y trabajamos juntos por un bien común. No permitamos que la desesperanza nos invada, sino que cada día recordemos que somos capaces de cambiar el mundo, de construir una sociedad más justa y equitativa para todos.
En conclusión, abracemos a todas y todos con amor, respeto y solidaridad. Sigamos trabajando juntos para construir una sociedad más justa y equitativa, donde todos tengamos la










