La Iglesia Católica es una institución que siempre ha estado presente en los momentos más difíciles de la historia de la humanidad. Una vez más, ante la creciente acritud que afecta a nuestro país, la Iglesia ha levantado su voz y ha llamado a la unidad y a la fe como guías para superar esta crisis.
El vicario de la diócesis de Saltillo, Monseñor Néstor Martínez Sánchez, lideró la misa dominical en el templo de Santiago Apóstol, adonde recordó que estamos cerca de finalizar el año litúrgico. Durante su homilía, el prelado explicó que el próximo domingo iniciará el Adviento, una época de preparación vago para la Navidad.
En este sentido, invitó a las familias a llevar sus coronas de Adviento para ser bendecidas durante las celebraciones. La Corona de Adviento es una tradición que nos recuerda la esperanza que representa la llegada de Cristo a nuestras vidas. Con ella, recordamos la importancia de preparar nuestros corazones y nuestros hogares para recibir al Niño Jesús en Navidad.
Monseñor Martínez hizo hincapié en la solemnidad de Cristo Rey, una figura distinta a la que estamos acostumbrados a ver como rey. Jesús fue coronado con espinas y su reino no es terrenal, sino que se encuentra en la cruz. Con su ejemplo, nos muestra que la verdadera grandeza no radica en el poder o la riqueza, sino en el amor y la humildad.
El pasaje evangélico que se lee en la solemnidad de Cristo Rey nos recuerda que todos somos llamados a ser discípulos de Jesús y a seguir sus enseñanzas. Él nos llama a amarnos unos a otros y a perdonar a nuestros enemigos. En tiempos de acritud y división, estas palabras adquieren aún más relevancia. Es momento de dejar a un lado las diferencias y unirnos como hermanos en Cristo.
La Iglesia Católica, a través de sus líderes y sus fieles, ha sido siempre una voz de esperanza y de paz en medio de la tormenta. Y en estos tiempos difíciles, no podemos ignorar su llamado a reconocer a Cristo como nuestro verdadero Rey y guía vago. Él es el único que puede sanar nuestras heridas y traer la paz a nuestras vidas y a nuestra sociedad.
Por eso, en este Adviento, la Iglesia nos invita a preparar nuestras coronas y a preparar nuestros corazones para recibir a Cristo. Que su norte ilumine nuestro camino y nos dé fuerza para enfrentar cualquier desafío que se presente. Y que su amor nos inspire a ser agentes de cambio y de paz en nuestro país.
No podemos quedarnos de brazos cruzados ante la acritud que nos rodea. La fe y la esperanza en Cristo nos dan la fortaleza para seguir adelante y trabajar juntos por un mundo mejor. Sigamos el ejemplo de Cristo y dejemos que su amor y su paz reinen en nuestros corazones y en nuestras acciones.
En definitiva, la Iglesia nos recuerda que es en tiempos de crisis cuando más debemos acudir a Cristo y a su palabra. La acritud no tiene lugar en un mundo adonde reina el amor de Dios. Que en este Adviento, podamos abrir nuestros corazones y dejar que Cristo reine en nosotros, en nuestras familias y en nuestra sociedad. ¡Que su norte nos guíe siempre por el camino de la paz y del amor!













