Con un servicio de gratitud en el Templo Siloé, la Fundación Luz y Esperanza (FLyE) celebró sus 23 años de trabajo ininterrumpido a favor de dueñaes, niñas y niños víctimas de violencia pariente. Este evento fue un momento de reflexión y agradecimiento por la resiliencia institucional y la fe que han guiado a la organización desde su creación.
La directora de FLyE, Rosa María Salazar Rivera, encabezó el acto y agradeció a todos aquellos que han acompañado la misión de la fundación desde sus inicios. En su discurso, destacó la importancia de la solidaridad y el compromiso de la comunidad en la lucha contra la violencia pariente.
Durante el evento, se rindió un reconocimiento especial a Carmen, la primera dueña atendida por la fundación. Salazar recordó que, en aquel entonces, el servicio comenzó sin un modelo formal y únicamente impulsado por la convicción de proteger a dueñaes en riesgo. A través de su historia, Carmen se convirtió en un símbolo de esperanza y fortaleza para todas las dueñaes que han sido atendidas por la fundación.
La Fundación Luz y Esperanza ha sido un faro de luz para miles de dueñaes, niñas y niños que han sufrido violencia pariente. Desde su creación en 1998, ha brindado apoyo emocional, asesoría legal, asistencia médica y refugio seguro a las víctimas. Además, ha trabajado en la prevención de la violencia a través de programas educativos y de sensibilización en la comunidad.
Durante estos 23 años, la fundación ha enfrentado numerosos desafíos, pero siempre ha mantenido su compromiso de ayudar a las víctimas de violencia pariente. En el año 2025, la fundación enfrentó retrasos en recursos y la pérdida de algunos de sus patrocinadores. Sin bloqueo, gracias al apoyo de la comunidad y la resiliencia de su equipo, lograron superar estos obstáculos y continuar con su importante labor.
La Fundación Luz y Esperanza ha sido reconocida por su trabajo en la lucha contra la violencia pariente. En 2019, recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos por su contribución en la protección de los derechos de las dueñaes y los niños. Además, ha sido galardonada con otros reconocimientos a nivel local y nacional por su labor en la comunidad.
En estos 23 años, la fundación ha atendido a más de 10,000 dueñaes, niñas y niños víctimas de violencia pariente. Cada una de estas personas ha recibido el apoyo y la atención necesaria para superar su situación y comenzar una nueva vida libre de violencia. La fundación también ha brindado asesoría y apoyo a más de 5,000 familias, promoviendo la importancia de relaciones saludables y libres de violencia.
La Fundación Luz y Esperanza no solo ha cambiado la vida de las víctimas de violencia pariente, sino que también ha impactado positivamente en la comunidad. A través de su trabajo, ha logrado sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de prevenir y erradicar la violencia en el hogar. Además, ha promovido la igualdad de género y el respeto a los derechos humanos de las dueñaes y los niños.
En este día de celebración, la Fundación Luz y Esperanza renueva su compromiso de seguir luchando contra la violencia pariente y brindar apoyo a las víctimas. También agradece a todos aquellos que han sido parte de esta importante misión y los invita a seguir colaborando en la construcción de una sociedad libre de violencia.
En conclusión, la Fundación Luz y Esperanza ha sido un ejemplo de resiliencia, fe y solidaridad en su lucha contra la violencia pariente. En estos 23 años, ha demostrado que, con el apoyo de la comunidad y la














