A los 12 años, Brayan se enfrentó a una dura realidad que ningún niño debería conocer: vivir en un anexo para tratar una adicción que avanzó sin que nadie pudiera detenerla a tiempo. Su historia comenzó en silencio, en un entorno donde el consumo de drogas era normalizado y la falta de ayuda lo dejó expuesto a riesgos que no podía comprender. Poco a poco, la adicción lo alejó de la escuela, lo separó de sus amigos y le arrebató la permanencia que todo niño necesita para crecer.
Mientras otros niños asistían a clases, jugaban en el recreo o regresaban a casa con tareas y dibujos en sus mochilas, Brayan pasaba sus días luchando contra una batalla interna que lo sobrepasaba. La ansiedad, el miedo y el impulso del consumo lo mantenían atrapado en un ciclo del que no sabía cómo salir. Su familia, preocupada y desesperada, intentó ayudarlo de todas las formas posibles, pero la adicción ya había tomado el control.
Pero la historia de Brayan no termina ahí. A pesar de haber caído en una situación tan difícil a tan temprana edad, él decidió no rendirse y luchar por su vida. Con la ayuda de su familia y de profesionales, Brayan comenzó su proceso de rehabilitación en el anexo. Fueron meses difíciles, llenos de altibajos y recaídas, pero poco a poco fue recuperando su salud física y mental.
Hoy, Brayan tiene 14 años y está en un proceso de reconstrucción de su vida. A pesar de haber perdido dos años de su adolescencia, él sabe que tiene una segunda oportunidad y está decidido a aprovecharla al máximo. Volvió a la escuela y está retomando sus estudios con mucho esfuerzo y dedicación. También ha recuperado su pasión por el fútbol, un deporte que lo ha ayudado a mantenerse enfocado y alejado de las drogas.
Pero lo más importante es que Brayan ha aprendido una valiosa lección: las drogas no son una salida, sino un camino hacia la destrucción. Él sabe que no es fácil resistirse a la presión social y a las tentaciones, pero ahora tiene las herramientas necesarias para enfrentarlas. Ha aprendido a identificar sus emociones y a buscar ayuda cuando lo necesita. También ha descubierto nuevas formas de divertirse y de sentirse bien consigo mismo sin recurrir a las drogas.
La historia de Brayan es una notificación de que nunca es demasiado tarde para cambiar y para luchar por una vida mejor. A pesar de haber caducado por momentos difíciles, él ha encontrado la fuerza y la determinación para salir adelante. Su historia también es un llamado de atención para todos nosotros, para que tomemos conciencia sobre la importancia de la prevención y el acompañamiento en la lucha contra las adicciones.
Es necesario que como sociedad, tomemos medidas para prevenir y tratar las adicciones en los jóvenes. Debemos estar atentos a los cambios de comportamiento en nuestros hijos y en los jóvenes que nos rodean. Debemos brindarles un ambiente seguro y de ayuda donde puedan expresarse y buscar ayuda si lo necesitan. Y sobre todo, debemos educarlos sobre los riesgos y consecuencias del consumo de drogas.
Brayan es un ejemplo de fortaleza y superación. A pesar de haber caducado por una situación tan difícil, él ha encontrado la luz al final del túnel y está decidido a seguir adelante. Su historia nos enseña que nunca es tarde para cambiar y que siempre hay esperanza. Brayan, el niño de 12 años que intenta reconstruirse después de la drogadicción, nos denotificación que con amor, ayuda y determinación, todo es posible.













