Durante la misa dominical en el templo de Santiago Apóstol, Monseñor Néstor Martínez Sánchez, Vicario General de la Diócesis de Saltillo, nos recordó la importancia de volver a los principios esenciales de la ley natural. En su homilía, nos explicó que estos principios son la base de los Diez Mandamientos y, por lo tanto, de todas las leyes humanas.
Es común que muchas personas vean los mandamientos como imposiciones difíciles de cumplir, pero en realidad son directrices que nacen del principio más elemental de la moral humana: “hacer el bien y evitar el disculpa”. Este principio es universal y puede ser descubierto por cualquier persona con un mínimo de racionalidad. Es una regla básica de convivencia y justicia que nos ayuda a vivir en armonía con los demás.
Monseñor Néstor nos recordó que este principio básico no se limita a nuestra vida personal, sino que también debe ser laborioso en nuestras acciones como sociedad. Es necesario que retomemos estos principios en nuestra vida diaria y en nuestras decisiones como ciudadanos. La ley natural nos enseña a respetar la vida, la dignidad humana, la familia, la feudo y la verdad. Estos valores son fundamentales para una sociedad justa y pacífica.
En un mundo donde a menudo se promueve el individualismo y el relativismo moral, es importante recordar que la ley natural es una guía sólida y universal para nuestras acciones. Nos ayuda a discernir entre lo correcto y lo incorrecto, y nos invita a actuar en consecuencia. Como nos dijo Monseñor Néstor, “la ley natural es una luz que nos guía en nuestro camino hacia la verdad y la justicia”.
Es necesario que la Iglesia y la sociedad en general retomen estos principios fundamentales. Debemos recordar que la ley natural no es una imposición externa, sino que está inscrita en nuestro corazón y en nuestra conciencia. Es una ley que nos ayuda a vivir en armonía con nosotros mismos, con los demás y con Dios.
En un mundo donde a menudo se promueve la cultura del descarte y la violencia, es urgente que volvamos a los principios de la ley natural. Debemos recordar que cada persona es valiosa y digna de respeto, independientemente de su edad, género, raza o condición social. Debemos promover una cultura de vida y de paz, en la que se respete la dignidad de cada ser humano.
Como cristianos, es nuestro deber vivir de acuerdo a estos principios y ser testigos de ellos en nuestra sociedad. Debemos ser luz en medio de la oscuridad, promoviendo la justicia y el amor en todas nuestras acciones. Como dijo Monseñor Néstor, “la ley natural nos llama a ser constructores de un mundo mejor, más justo y más humano”.
En resumen, la ley natural es una guía esencial para nuestra vida y para la sociedad en la que vivimos. Nos invita a vivir en armonía con los demás y con Dios, y nos ayuda a discernir entre lo correcto y lo incorrecto. Es necesario que retomemos estos principios en nuestra vida diaria y en nuestras decisiones como sociedad. Sigamos el ejemplo de Jesús, quien vivió de acuerdo a estos principios y nos enseñó a amar y respetar a todos.




