Fecha de redacción: 16 de julio de 2022 / Juan José Espinosa
La historia del origen y construcción del hotel Fiesta Americana Coral Beach de Cancún, propiedad en sus inicios del recién detenido Rafael Caro Quintero, demuestran y confirman el lavado de dinero manejado por la clase política y empresarial dominante en cada sexenio de nuestro país.
La historia es muy sencilla, el poder que ejercen los Caro Quintero, hoy en día en gran parte de la entidad, no es producto de la casualidad; se ha dado en diferentes etapas y bajo el manto protector que le ha tejido la clase política dominante.
Se los vendían a precios simbólicos, en compensación a compromisos familiares o bien, para seguir alimentando la cadena de complicidades que desde siempre mantiene sometido a México, al poder del narcotráfico criminal.
Otras versiones apuntan al pago por el financiamiento a sus campañas políticas para alcanzar el ansiado poder.
Según decían destacados miembros de la clase política gobernante, “todo sea por el desarrollo”…
Corría el año de 1985, en Cancún, empezaba su conversión y desarrollo que años más tarde lo clasificarían como el destino más importante de México y de Latinoamérica.
Desaparecía el “Cancún, en dónde los Mayas Vacacionaron hace Miles de años”… para reinventarse como el principal paraíso financiero y de lavado de dinero, producto del crimen organizado.
Lo mismo aceptaban inversiones de los políticos que pasaban a retiro, como es el caso de ex Presidentes de la República y ex gobernadores, que del jefe narco de moda y que por lo general elegían a Quintana Roo, como su lugar de residencia y de sus negocios.
Ello explica la razón de las inversiones que ejemplifica bien Rafael Caro Quintero y el dominio que hoy ejercen sus sobrinos los Caro Quintero Payán, en el sur quintanarroense.
Lo lamentablemente, es que desde la misma Presidencia de la República se giraban órdenes al gobernador en turno, quienes asignaban predios a precios ínfimos ya sea inversionistas consentidos del sistema, que a narcos emparentados o de negocios con esa ya descompuesta clase política de México.
La historia de ese hotel es una de las tantas pruebas contundente de las relaciones y cultura de los negocios que nacen de la narcopolítica mexicana.
El histórico fundador del Cártel de Guadalajara, Rafael Caro Quintero, había accedido con sus “principales socios” y lavadores de dinero, los hermanos Javier y Eduardo Cordero Staufert, invertir en el proyecto hotelero “Los Tules”, actualmente rebautizado con el nombre de Fiesta Americana Coral Beach.
Javier Cordero Staufert con el ex funcionario joaquinista Javier Portillo Manica.
Cancún, como hasta ahora, seguía siendo la joya más preciada del crimen organizado en nuestro país.
Los hermanos Cordero Staufert, eran tan poderosos e influyentes por ser sobrinos de la entonces primera dama del país, Paloma Cordero de la Madrid.
Miguel de la Madrid Hurtado, fungia entonces como Presidente de México y su flamante secretario de Gobernación era nada más y nada menos que el hoy director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) Manuel Bartlett Díaz.
Carlos Joaquín Coldwell con Miguel de la Madrid, entonces Gobernador de Quintana Roo y Presidente de la República, respectivamente.
En Quintana Roo, iniciaba el sexenio del priísta Pedro Joaquín Coldwell, hermano del actual mandatario Carlos Joaquín González.
Se desarrollaba el detonante de la construcción y de las inversiones en el más exitoso de los desarrollos turísticos debidamente planeados del mundo.
Las relaciones de Caro Quintero, eran más que poderosas, los empresarios Cordero Staufert, originarios de Guadalajara, al igual que más de la mitad de los inversionistas de Jalisco y de México, disputaban la amistad del entonces joven narco sinaloense, que lo mismo inauguraba en un día dos agencias de automóviles, que se hacía socio de un proyecto hotelero por menciona alguno.
Pedro Joaquín Coldwell ex gobernador de Quintana Roo.
Por lo tanto, la relación de los Caro Quintero, no es nueva con Quintana Roo, y por ello se explica la presencia e impunidad con que actúan sus sobrinos los Caro Quintero Payán, en gran parte de la entidad.
En la clase gobernante como entre el mundo del narcotráfico “las casualidades no existen; lo que existe son las causalidades”
La historia de los Caro Quintero en el mundo del narcotráfico no podría explicarse sin la protección del gobierno, que detona en el sexenio de Miguel de Madrid Hurtado. Ese que llamó “Renovación Moral de la Sociedad”, tras los escandalosos de su antecesor José López Portillo con el caso del mal llamado general Arturo Durazo Moreno, acusado también de nexos con el narcotráfico.
Eduardo y Javier Cordero Staufert con la entonces secretaria de Turismo en Quintana Roo, Sara Latife Ruíz Chávez.
Rafael Caro Quintero, hombre hábil e inteligente y con la juventud a cuestas el “Narco de Narcos”, fue catalogado en su momento como uno de los hombres más ricos de México, cálculos periodísticos de ese entonces hablan de una fortuna estimada en más de mil millones de dólares, aunque los más conservadores calculan que la misma, ascendía a más de 600 millones de dólares.
Un reportaje de la revista Proceso publicado en 1985 revelaba los nexos tan altos en el gobierno que alcanzó, por su relación de negocios con los sobrinos políticos del entonces Presidente de la República.

